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Saludo de la Mesa Ecuménica por la Paz a la Ruta Común por la Paz

Miércoles 3 de julio de 2013

Amigas y Amigos,

Muy buenos días, en este día “histórico”, porque hoy y aquí, nos congregamos ciudadanas y ciudadanos, de diferentes organizaciones, de distintas filosofías políticas y de diversos horizontes, pero todas y todos con la misma UTOPÍA: Pronunciar un SÍ a favor de la PAZ, es decir, apoyar el proceso que ya caminó sus primeros pasos, entre el Estado colombiano y las FARC. Y ojalá también con el ELN.

Desde esta RUTA SOCIAL COMÚN POR LA PAZ, unas y otros, buscamos:

  • Acariciar la PAZ con corazones generosamente abiertos.
  • Aclimatar la PAZ con los abrazos de la fraternidad y de la sororidad. Abrazos tan esquivos por causa de esta larga guerra fratricida;
  • Exigir la PAZ con Justicia Social
  • Trabajar para consolidar la PAZ para nuestras jóvenes generaciones y para las futuras generaciones.

Expresamos estas palabras en nombre de la MESA ECUMÉNICA POR LA PAZ, que es un compromiso de paz desde nuestras convicciones religiosas, entre diferentes iglesias y organizaciones religiosas de signo cristiano, porque también hubo la guerra religiosa entre hermanas cristianas y hermanos cristianos, en este nuestro país. Si las expresiones bélicas ya cesaron, quedan todavía resquemores e intransigencias entre iglesias.

Expresamos este saludo, por tanto, desde el seguimiento de la letra, la lógica y el espíritu del Evangelio y de la praxis de JESÚS DE NAZARET, persona a quien le fue arrebatada su vida, por colocarse de manera decidida del lado de las mayorías pobres de su sociedad; por defender a las oprimidas y a los oprimidos por un sistema social, político y religioso que pactó con el Imperio de la época; por andar por caminos y poblados, con personas excluidas de ese sistema; por arrojar a los banqueros explotadores de su tiempo, del Templo, a latigazos.

Pagó el atrevimiento de retomar y practicar el mensaje imperativo del profeta Isaías: “He venido a liberar a los oprimidos y a proclamar la libertad de los cautivos”.

Expresamos estas palabras para proponer, además, que seamos conciencia ética de este proceso y en este país, de manera permanente, por las tantas y multiformes corrupciones. Obvio que no desconocemos que hay múltiples temas, cuestiones y problemas que resolver, en la mesa de negociación. Además de los cambios estructurales, la atención a las víctimas directas y a sus grandes y apremiantes necesidades económicas, humanas, de sanación, de reconciliación... y cero impunidad.

Pero en el contexto que nos ocupa, pareciera que la corrupción no existiera.

Se acabará la guerra pero seguirá la nefasta corrupción que lleva muchísimos más años que los años de esta última guerra fratricida.

Aún más, una de las causas y razones de esta guerra es la corrupción que roba, cada día, cada mes, cada año, millones y millones de bienes y de dineros que deberían ir a los pobres. O, si no, ¿Por la crisis del sistema de la salud, de la educación, de la vivienda, de las carreteras...?

Y permítanos ser más incisivos, la corrupción galopante puede hacer fracasar el pacto de la PAZ CON JUSTICIA SOCIAL.

Se podrán pactar cambios socioeconómicos a favor de las mayorías desfavorecidas, pero como pasa hoy, las riquezas, los bienes y los dineros públicos podrán seguir siendo desviados por los viejos y nuevos políticos, en las alcaldías, en las gobernaciones, en los ministerios, en los institutos descentralizados...

En los hospitales, en los colegios, en las universidades.

Como también desde los concejos municipales, desde las asambleas departamentales, desde el Congreso nacional, etc., etc.

Otras formas de corrupción tienen que ver con torcer la Constitución y la Legislación a favor de la clase política y de sus favorecidos, los funcionarios públicos y los contratistas que no sólo roban dineros públicos sino que dejan las obras por debajo de la calidad pactada y firmada en los contratos y convenios, cuando no, inconclusas.

Se debe exigir el impulso a todo tipo de veedurías ciudadanas. Éstas deben ser una política de Estado, no sólo por la Ley, que ya existe, sino por la promoción, organización y actuación, que no existe, salvo excepciones, por la valentía de ciudadanos y de ciudadanas.

Ciudadanas y ciudadanas:
Cuenten con la Mesa Ecuménica por la Paz, que también está conformada por ciudadanos y ciudadanas que queremos, como todas y todos ustedes, la PAZ.

Gracias.

MESA ECUMÉNICA POR LA PAZ,