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Reflexión espiritual Foro Ecuménico por la Paz.

Miércoles 22 de mayo de 2013, por Mons Fredy Antonio Castiblanco

Haz recorrido Señor el caminar de esta Mesa Ecuménica en la expresión del foro por la paz y has encontrado diversidad de iglesias apostándole a la unidad de las mismas, a la unidad en esta diversidad, las encuentras en esta multiplicidad de esperanzas, de un mundo más justo y más humano, un mundo que quiere acercarse al proyecto del Reino y Reinado de Dios. “Que todos sean uno como tú y yo padre somos uno”.

Te encontraste con esa oración inicial llena de simbolismo, de sueños por construir , de la alegría de sabernos muchos y muchas, allí nos encontraste reflexionando sobre la ÉTICA, sobre una ética para la paz y una paz con ética, allí varios hermanos y hermanas de Iglesias, de movimientos sociales , nos permiten ver la urgencia de la participación de los cristianos y cristianas en la construcción de una paz con justicia social, pero aportándole desde los principios éticos, los principios a favor de la vida y en contra de la muerte ¨he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia¨

Como en las primeras comunidades Cristianas, en cada uno de los grupos oramos, compartimos la palabra, tu palabra de vida y buscamos en ella una luz para esta realidad de dolor, exclusión , guerra y muerte. Cada uno y cada una, nos hermanamos en la búsqueda de propuestas para que el proyecto del Reino se haga realidad en la realidad de nuestro pueblo.

Te vimos sonriendo en cada uno y cada una de las hermanas en un abrazo fraterno, en un sentarnos en la mesa de la fraternidad compartiendo el pan, el ágape de la vida y de los alimentos, diversos y diversas, plurales en una mesa ecuménica de la vida, donde la wypala sirvió de mantel para compartir el pan de la unidad, el pan de la justicia, el pan de la libertad, el pan de la paz, sintiéndonos constructores de la misma. ¨el fruto de la justicia será la paz¨

En este domingo tuyo, llegaste al momento de la oración llena de esa fuerza que nos hace invencibles “si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, integrándonos en la territorialidad, donde se construye la paz en la práctica de la vida y de la esperanza.

Y llegaste al gran pentecostés, iniciaste el día con lluvia, con el frio Bogotano, pero con el calor que pones en los corazones, con el fuego que se encendió en esa oración de la mañana, motivadora, que nos unió en la esperanza, de un nuevo pentecostés para tus iglesias, pero hermanadas en esta ecúmene de la vida y de la paz con justicia social.

Compartiste con nosotros esa búsqueda de la veeduría ética para la paz, como un instrumento que nos permite ser actores de paz, garantes de la vida, la reparación, la verdad, la justicia y la no repetición, desde la territorialidad del conflicto y de la paz.

Así mismo nos mostraste el camino de la unidad del ecumenismo en la construcción de un movimiento propio de las iglesias en este proceso, para que no sea de un momento, de una coyuntura, sino que busque ser un proyecto de vida

Mostraste Señor la expresión de diversos grupos en trabajos que dinamizan la paz y la construcción de escenarios donde la vida sea posible.

Grupos en los cuales nos hablaste a través de los hermanos y hermanas sobre la ética y la solidaridad con los hermanos pobres y excluidos, con el ambiente destruido por la ferocidad del lucro, del poder de las transnacionales en la minería, en la contaminación y en la destrucción de la casa de la vida, solidaridad con las comunidades expulsadas de sus territorios, con las familias de las víctimas de esta guerra inhumana e insensata ¨he oído el clamor de mi pueblo y he decidido liberarlo¨

También nos hablaste de la ética y de la transparencia y nos pediste que buscáramos, como iglesias, vivir lo que predicamos, ser fieles al proyecto de la justicia y la verdad, buscando que la exigencia ética de la paz sea sustentada desde el ejemplo, desde los hechos de la vida, en la unidad de las iglesias, siendo al mismo tiempo proféticos, anunciadores de tiempos nuevos.

Y nos hablaste de la ética para la democracia, no es posible, nos dices, vivir como cristianos sin luchar y construir democráticamente la vida y la paz, por ello nos insistes en la construcción de un movimiento ecuménico donde el respeto por la opinión y la práctica de los otros, sea principio de vida, evangelio, buena nueva.

Nos invitas a construir un tiempo diferente para iglesias diferentes en el único jardín de la vida y de la esperanza, hombres y mujeres nuevos para tiempos nuevos de amor y solidaridad con los excluidos. Y así llegaste feliz donde nuestro Padre común, diciéndole ¨he visto a mis hermanos y hermanas caminar por el único camino posible el amor, la felicidad, la unidad en la diversidad, desde una fe comprometida con el pueblo, al servicio de la paz y de la esperanza para un pueblo en guerra y sin esperanza¨ y Dios se alegro y vio que todo empezaba a estar bien.

Gracias señor por caminar con nosotros, gracias por este pentecostés de la vida, la unidad y la esperanza en tiempos difíciles.

No podemos ser indiferentes a esta propuesta de unidad, de ética para la paz y una paz con ética.

Ser consecuentes con nuestro ser y hacer de cristianos y cristianas, nos lleva a trabajar por la paz desde nuestra fe, ayudando a que la paz no sea un slogan, una moda, una paz solo del gobierno y la guerrilla. Por el contrario una paz donde la realidad de nuestro pueblo se transforme para que tengamos vida y vida en abundancia, como veedores y veedoras éticos de la paz y del movimiento ecuménico por la vida en paz con justicia social.